En todos los sectores empresariales la selección, formación y gestión de los recursos humanos representa uno de los aspectos de mayor importancia en los últimos años. En el sector de atención a la dependencia este interés por los profesionales se acrecienta de forma muy considerable, dado que son el principal valor con el cual podemos contar a la hora de desarrollar servicios para atender a personas en el ámbito sociosanitario.
La tecnología y los recursos materiales son importantes en el sector de la salud tanto o más que en otros sectores. Sin embargo, la base principal de un proyecto empresarial dirigido a la atención de personas con dependencia, son los profesionales con los que contamos para dicho proyecto.
En cualquier proceso de selección al que se enfrenta un candidato, se suele tener en cuenta las aptitudes y las actitudes. Las aptitudes son principalmente la formación y la experiencia acreditadas, no dicen “que” es el profesional que queremos contratar. Las actitudes son las capacidades y habilidades personales con las que cuenta el candidato, por tanto nos dicen “quien” es el candidato. Los dos aspectos son importantes, y es interesante valorarlos en el momento de contratar personas para trabajar teniendo cuidado de otras personas.

La Política de Recursos Humanos una empresa del sector de la dependencia tiene que poder garantizar disponer de una plantilla formada, motivada y especializada, para garantizar una capacidad de respuesta rápida y eficaz, tanto a la hora de iniciar un servicio, como reaccionar ante nuevas necesidades.
Este proceso se basa en 5 aspectos básicos:
Como ya hemos comentado en este articulo, la selección de los profesionales es un aspecto clave en el que valoraremos aptitudes y actitudes de los candidatos. Cualquier proceso de selección que se precie, implica una preselección a partir de un curriculum debidamente redactado, una entrevista personal, una prueba psicotécnica y una comprobación de las referencias que el candidato aporte. En este proceso es nos debe permitir valorar las aptitudes y las actitudes.
Dentro de las aptitudes valoramos la formación. En el sector de la dependencia durante muchos años hemos contado con profesionales universitarios formados en el ámbito sociosanitario como fisioterapeutas, enfermeros, psicólogos, médicos, terapeutas ocupacionales, podólogos, logopedas, trabajadores sociales, educadores, entre otros.

En la atención básica, también han trabajado principalmente personas formadas a través de planes de formación ocupacional de las diferentes comunidades autónomas. Al no ser formación reglada, se ha generado una amplia diversidad de títulos (auxiliares de geriatría, auxiliares de enfermería, trabajadores familiares…) que ha dificultado la homogeneización de estos profesionales. La aparición hace ya algunos años del Ciclo Formativo de Grado Medio en Atención a Personas en Situación de Dependencia, ha mejorado sensiblemente este aspecto, y la acreditación profesional de aquellos que se habían formado en planes de formación ocupacional, ha permitido el reciclaje y la incorporación de estas personas al campo profesional de la dependencia.
Las actitudes, por otro lado, son tan importantes como la formación y la experiencia, y probablemente son más complejas de valorar en el proceso de selección. En este caso hablamos de valores, habilidades y capacidades, que aunque también se aprenden, tienen una serie de aspectos que complican y dificultan su valoración. La atención a personas dependientes precisa de profesionales implicados, por lo que buscaremos vocación y interés especifico, que cuenten con buenas habilidades sociales (empatía, comunicación, asertividad, respeto a las diferencias, tolerancia, paciencia…) y que presenten una buena inteligencia emocional.
Las habilidades sociales son básicas en la profesión sociosanitaria, estamos hablando de personas que atienden a personas. A menudo pensamos que las hablidades sociales son algo intríseco a cada persona que no se puede variar (‘yo soy como soy’) y no es cierto, como vemos en un par de artículos de este blog esto no es así, podemos y debemos mejorar nuestras habilidades sociales formándonos y practicando con ellas, conscientes de la importancia que tienen en nuestro trabajo.
Artículo 1: La importancia de las habilidades sociales en la atención a la dependencia 1
Artículo 2: La importancia de las habilidades sociales en la atención a la dependencia 2
La inteligencia emocional también es un aspecto primordial. Entender que tenemos sentimientos y emociones que nos afectan, y que las personas que atendemos también los tienen, es imprescindible para realizar un buen trabajo profesional en el sector de la atención a la dependencia. A menudo un profesional bien formado y con experiencia, fracasa en su trabajo por falta de inteligencia emocional o habilidades sociales.
Si tenemos en cuenta lo comentado en el presente artículo, realmente podemos pensar en la complejidad en la gestión de las personas en empresas dedicadas a la atención a la dependencia. La captación, selección, contratación, formación y gestión de personas nunca es fácil, pero en este caso se hace especialmente difícil por todos los aspectos que hemos visto anteriormente. Por este motivo, si nos planteamos iniciar una actividad empresarial dirigida a atender a personas dependientes, se hace imprescindible buscar el asesoramiento experto de personas y entidades conocedoras del sector, lo cual nos permitirá conseguir una política de recursos humanos exitosa y con todas las garantías que necesitamos para ofrecer la mejor calidad en nuestros servicios.
Enrique Gómez
Director Técnico – Dependentia