La vitamina D se ha identificado como uno de los nutrientes más importantes a la hora de mantener unos huesos fuertes y sanos, de prevenir el cáncer de próstata y otras enfermedades como la psoriasis o la icitiosis. Unos niveles aceptables de vitamina D garantizarían la correcta absorción de calcio y fósforo. Estudios recientes han mostrado que este déficit se ha extendido entre diferentes grupos de edad, especialmente, entre la tercera edad, y se han podido identificar diferentes factores de riesgo que explicarían por qué este colectivo tiene más probabilidades de sufrir esta pérdida.

El impacto del déficit de vitamina D en las personas mayores incide sobre su fuerza y sus capacidades motoras. Al tener receptores de la vitamina D en las células musculares, la deficiencia de este elemento provoca que algunas de estas células se atrofien, provocando debilidad muscular y dolor.
Fisiología de la vitamina D:
La falta de exposición a la luz solar y algunas condiciones médicas que dificultan su absorción, son las principales causas por las que algunas personas tendrían carencias de vitamina D. El envejecimiento por sí mismo causaría una serie de cambios que harían aumentar las probabilidades de sufrir estas pérdidas. A medida que nos hacemos mayores, se producen alteraciones en la piel que provocan una conversión menos eficiente de la vitamina D3. Además, la concentración de las enzimas precursoras de esta vitamina que están presentes en los órganos, también se reduce con el paso de los años.

Complicaciones originadas por el déficit de vitamina D:
Anteriormente, hemos comentado que los efectos negativos que se producen por el déficit de vitamina D afectan, principalmente, a los huesos (osteopatía) y a la musculatura (miopatía).
Sustitución de la vitamina D en las personas de la tercera edad:
La ingesta recomendad de vitamina D varía en función del país en el que nos encontremos. Uno de los factores que se tiene en cuenta es el número de horas de sol. Así, en los países escandinavos, en los que durante unos meses al año tienen muy pocas horas de sol, se recomienda que, en los meses de invierno, todo el mundo tome suplementos vitamínicos para compensar este hecho.
En nuestro país, los suplementos vitamínicos pueden recomendarse a personas con un riesgo alto de sufrir este déficit (los pacientes de gastrectomía parcial u otros síndromes que dificultan la correcta absorción de vitamina D, aquellos que han sufrido alguna patología renal o las personas que, por causa de la condición física o del entorno en el que viven, no se exponen a la luz del sol).

Aritz Arozarena
Equipo de psicología – Dependentia